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Flashbacks de Amalia Wainwright

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Flashbacks de Amalia Wainwright

Mensaje por Amalia Wainwright el Sáb Mayo 28, 2011 6:23 pm

Madrid, España.
Amalia tiene 12 años

La niña se alzaba sobre la punta de sus pies en un gesto impaciente, mientras esperaba a que el semáforo cambiara a su favor. Por fin, la luz verde indicó que podía cruzar y ella emprendió la carrera hacia su clase de piano, a la cual llegaba diez minutos tarde. A esa velocidad, era imposible que viera el Ford plateado que se la echaba encima.
El impacto fue rápido, duro y violento. Amalia no recordaba haber sentido tanto dolor en su vida. Su espalda protestaba, mientras que su cuello se negaba a obedecer las órdenes de su cerebro, que suplicaba por un movimiento parcial que permitiera girar el rostro para poder ver lo que pasaba. Había mucho ruido y muchas voces, y todo se mezclaba en un sonido incomprensible que traspasaba sus oídos. Alguien tuvo la delicadeza de darle la vuelta, y así, la fría visión del asfalto se convirtió en una confusión de rostros que contemplaban la escena, asustados. Un hombre reclamaba su atención, mientras movía los labios. Era un rostro amable, cuyo rasgo más significativo era un pelo color fuego que le daba un aire infantil. Con esfuerzo, Amalia entendía sus preguntas, pero no era capaz de responderlas.
Un hombre rubio la tocó el hombro, y entonces se sintió mejor. Aunque tal vez fuera porque el pelirrojo acababa de inyectarle algo en la mano. De pronto se dio cuenta de lo cansada que estaba. En pocos segundos, se durmió.

Despertó en una superficie infinitamente más deseable que la carretera. Era blanda, suave, y no tardó mucho en deducir que se trataba de una cama. No olía como la suya, así que dedujo que se trataba de una cama de hospital. Estuvo a punto de abrir los ojos para comprobarlo, pero entonces escuchó la voz de su padre.
- Haces un mundo de una montaña de arena. Ha sido un accidente de tráfico. Ocurren todos los días, y hoy le ha tocado a ella.
Amalia sintió una caricia en el brazo mientras escuchaba la respuesta de su madre.
- No lo trivialices. Nuestra niña ha corrido peligro.
- Y sólo ha necesitado un collarín. Ha tenido suerte.
Hubo un momento de silencio, y de nuevo habló su madre.
- Aun así deberíamos decírselo.
- ¡No entiendo por qué! - su padre parecía molesto - Si no la hubieran atropellado ahora estarías en casa haciéndole la cena. Ni te lo habrías planteado. ¿Qué tiene esto que ver?
- ¡Tiene que ver con que no quiero mentirle a mi hija! - su madre hablaba en susurros, pero podían percibirse sus ganas de gritar. - Casi la pierdo, y lo primero que he pensado al enterarme es que tenía que decírselo.
- Es nuestra vida, y no la suya. No es algo que la concierna.
Su madre acarició su frente con suavidad.
- Mi pasado, es su pasado. Tiene un concepto de mi que apenas encaja con la realidad. Cree que nos conocimos en la universidad y quiere seguir nuestros pasos - dijo, con voz dulce, pero dejaron de discutir.
Amalia se sorprendió. Nunca se había planteado que sus padres tuvieran una vida diferente a la que conocía. Sabía que habían sido niños, claro, pero ellos le habían contado todo lo relativo a su juventud y su pasado. O eso creía.
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Amalia Wainwright

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Re: Flashbacks de Amalia Wainwright

Mensaje por Amalia Wainwright el Dom Mayo 29, 2011 8:33 pm

Madrid, España.
Amalia tiene 14 años

- ...¡si es así como lo ves, mejor vete de casa! - la voz de su madre sonaba firme, pero cercana al llanto.
- Tranquila, prácticamente me has hecho la maleta - su padre, sin embargo, sonaba sereno. Sabía que, aunque probablemente no iban a reconciliarse, llevarían una separación limpia en cuanto los nervios de su mujer se calmaran.
Aquella tarde hubo un revuelo de idas y venidas, de gritos y reproches y, finalmente, las cosas se calmaron. Amalia observaba desde la ventana que daba a la terraza a sus padres, que mantenían una conversación civilizada, lejos de su campo auditivo. Y así, su mundo caía en pedazos cuando su padre cogía el equipaje.
Se despidieron con un abrazo frío, carente de cariño pero cargado de intensidad. Amalia no quería dejar marchar al único padre que había conocido, y él no quería alejarse de su pequeña, aunque jamás fuera capaz de expresarlo en palabras. Se estaba haciendo una mujer, y no quería perdérselo, y por eso insistió:
- Aun puedes venirte conmigo.
- Tu sitio está en Sidney. El mío en España. - dijo con seriedad. De hecho, ese había sido el foco del problema. Los negocios que su padre llevaba en ese país parecían ser más importantes que su familia. En realidad era posible, desde el punto de vista de Amalia, que sus empresas sólo fueran una escusa para no tener que estar con las dos mujeres a las que de alguna manera quería, pero no amaba.
- Como quieras - el hombre, aun más alto, agachó la cabeza para besar la frente de su hija. Casi le dolió no ver lágrimas en sus ojos. Casi, porque de hecho no lo esperaba.

Algunas horas después, su madre lloraba en la mesa de la cocina. Amalia consideraba que ya le había dado margen suficente, y por eso se acercó.
- Volverá a insistirme para que me vaya con él. -no era una pregunta, sino una exposición.
Su madre ahogó un nuevo sollozo, y se limpió las lágrimas.
- Lo sé. Y por eso te repito que eres libre. Eres inteligente. Con él puedes tener un gran futuro.
- No quiero un gran futuro. No quiero su futuro.
La madre alargó el brazo y le acarició la cabeza, deteniendo su mano en el pelo de su hija mientras la miraba con ojos tristes.
- Mi pequeña -dijo, solamente, como si estuviera orgullosa por algún motivo.
- Tal vez ahora quieras decirme cuál es ese secreto que me escondéis. Ese que me hace tener un concepto equivocado de ti.
La expresión de su madre cambió, adoptando ahora una actitud resignada y molesta a la vez.
- ¿Ni siquiera hoy puedes darme un respiro con eso?
- Son casi dos años esperando. Pensé que era él el motivo por el que no me lo decías. Ahora ya no está.
- Tu padre se ha ido. ¿Eres incapaz de apenarte un poco por ello?
- No puedo saber si es mi padre. Tal vez el secreto es que soy adoptada. Tal vez no os conocistéis en la universidad, tal vez me comprásteis y luego os casásteis en un matrimonio tapadera.. -se vio interrumpida por la mano de su madre, que golpeó su rostro sin demasiada fuerza, como quien no sabe calcular la intensidad correcta debido a la falta de experiencia.
Las dos se miraron. Había más ira en los ojos de la madre que en los de la hija.
- Algún día lo averiguaré - prosiguió, como si nada. No era una amenaza, pero tuvo el mismo efecto.
Su madre parecía querer disculparse, pero no lo hizo. Sabía que no le había hecho daño y quizá por eso aun sentía rabia. Rabia de que su hija tuviera razón, pero hiciera las deducciones equivocadas.
- Soñaste con una conversación en el hospital. Eso no te da derecho a acusarme de ... de lo que nos has acusado.
- No te acuso. Sólo tanteo. Si te has enfadado es que lo consideras una ofensa. Si lo consideras una ofensa, es que no fue eso lo que pasó. Si hubiera acertado, te habrías sorprendido.
La mujer se asombró de nuevo de la capacidad de su hija para interpretar sus emociones. Por un momento, sólo por un momento, pensó en decirle la verdad. Su hija se dio la vuelta, y se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir, añadió:
- Si hubiera sido sólo un sueño, jamás me habrías pegado. Te molesta que insista en averiguar la verdad.

Más tarde, en su cuarto, Amalia se dejaba caer en la cama. Por fin, se permitió llorar. Su padre se había ido, y no iba a volver. Ella le quería, y ni siquiera había podido llorar al despedirse. Ella, que lloraba por todo.
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Amalia Wainwright

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